¿Cultura de empresa o Secta?
- Pilar Paredes

- hace 3 días
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Muchos alumnos de MBA han aprendido lo importante que es realizar un plan de negocio para la empresa, que debe reunir los planes operativos, financieros, de marketing y ventas, tecnológicos, etc., y cómo no, de Recursos Humanos.
En los últimos años, los Recursos Humanos han ido cambiando de nombre. Pasamos de RR. HH. como gestión y administración de personal, a hablar de Capital Humano, de gestión del talento, de People Operations, de People and Culture y de Employee Experience o Employee Success.
Y no hay empresa que se quiera considerar digna, moderna e innovadora que no tenga una política destinada al bienestar y la motivación de los empleados, no solo para crear un buen ambiente de trabajo y mantener al personal leal, sino para evitar la fuga de talento y la tan temida rotación que ya afecta a tantas empresas.
Sin embargo, los problemas de fidelización de profesionales siguen existiendo y la ineficacia de los programas de formación y motivación es evidente.
La formación que se da o es mala o es insuficiente, y corren ríos de críticas hacia aquellas empresas que intentan seducir a potenciales candidatos ofreciendo fruta fresca, café gratis, gimnasio, guardería o seguros privados. No es que se rechace, es que frente a un entorno de trabajo hostil o un jefe incompetente, estas gratificaciones no se perciben como una recompensa.
La mayoría de la gente te dirá: págame mejor y no me explotes si quieres que siga trabajando para ti.
Y los reclutadores y responsables de RR. HH. se quejan de que cada vez es más difícil conseguir talento joven, porque su idea de trabajar difiere mucho de la de entregar ocho horas diarias, cinco días a la semana, por un sueldo que no te permite llegar a fin de mes. Para eso, es mejor trabajar de forma intermitente y vivir experiencias más humanas entre puesto y puesto, como viajar y conocer mundo.
Y no hablemos del gran éxodo que se está produciendo desde hace unos años en Estados Unidos y en muchos otros países, donde los trabajadores han preferido vivir con menos ingresos, pero disfrutar de una vida más tranquila y humana.
Parece que la imagen del yuppie de los 90, con su cochazo y sus restaurantes de lujo como bróker de Wall Street, está definitivamente en desuso.
Ahora, el rico del Ferrari es más bien un influencer o un millonario que ha sabido hacer dinero rápido y fácil, que se ha retirado a dar conferencias y cerrar inversiones desde su chalet en Dubái.
Pero lo que sí parece que sigue dando buenos beneficios es la idea del líder y sus seguidores. En el mundo empresarial, ser un líder carismático te puede servir para conseguir empleados fieles que no solo te entreguen sus horas de trabajo, sino también su devoción.
Y eso me hace pensar en la cultura de la empresa, tan necesaria para esas corporaciones que invierten un montón de dinero en aumentar las capacidades y recursos de su capital humano.
¿Pero qué es la cultura de una empresa y para qué sirve realmente?
Según Edgar Schein, “la cultura organizacional es un patrón de supuestos básicos compartidos que el grupo aprendió al resolver sus problemas de adaptación externa e integración interna, y que ha funcionado lo suficientemente bien como para ser considerado válido y, por lo tanto, enseñado a los nuevos miembros como la manera correcta de percibir, pensar y sentir”.— Edgar Schein, Organizational Culture and Leadership
Es decir, la cultura de empresa es el conjunto de valores, creencias, normas y formas de actuar compartidas que guían cómo piensan, deciden y se comportan las personas dentro de una organización. Define “cómo se hacen aquí las cosas”, incluso cuando no hay reglas escritas.
Y sirve para alinear comportamientos sin necesidad de control constante, guiar la toma de decisiones en situaciones ambiguas, atraer y retener talento afín a los valores de la empresa, reforzar el compromiso y la motivación, y sostener la estrategia (o sabotearla, si no está bien definida).
No sé si todo esto me dice mucho, porque quiero llegar a algo mucho más simple: si tu jefe te cae bien, es justo y puedes aprender de él, le sigues; pero si no, le aguantas porque para eso cobras a final de mes.
No creo que ningún trabajador exprese de otra forma más contundente la cultura de su empresa.
Sin embargo, el liderazgo también puede tener ciertos riesgos. La cultura de la empresa puede estar impregnada de ideología, por lo que, si piensas diferente o no actúas como los demás, puedes ser visto como un desertor o como alguien amenazante.
Si no participas de forma activa en las cenas de empresa, en los eventos motivacionales, en el café grupal o en cualquier evento organizado por el departamento de Cultura y Personas, puedes ser visto como una persona no deseada y no ser considerado —aunque seas muy profesional en lo tuyo— candidato a promociones, ascensos o proyectos de tu agrado.
Por lo que, si te encuentras en un ambiente así, más te vale que aprendas a comportarte correctamente y encajar en la cultura de la empresa.
Aunque a mí lo que me da miedo de verdad es el extremo opuesto: el jefe líder de la secta.
Aquel que construye su poder a base de acólitos y esbirros. Aquel que, gracias a su poder y carácter afable —en la mayoría de los casos impostado—, se acompaña de una serie de profesionales afines a él que nunca le discuten y que están profundamente agradecidos por la oportunidad que les ha sido concedida.
Muchas veces, este tipo de líderes empiezan con muy buenas intenciones. Son emprendedores que han salido del sistema o que están llenos de idealismo y fe en sí mismos, blandiendo la bandera de “yo quiero hacer las cosas mejor que los otros” y de que sus empleados se sientan a gusto trabajando en su empresa.
Son aquellos que, en sus inicios, construyen el equipo diciendo que “somos como una familia” y acaban subiéndose a un estrado, emocionados ante la contemplación de los miles de empleados reunidos en la convención anual de la empresa, mirando hacia el fondo de la audiencia como si se tratase del emir contemplando los confines de su imperio.
Para estos amados líderes siempre hay elogios y premios y, por qué no, buenas referencias.
Son embajadores de buenas prácticas, ecologistas, solidarios, no discriminan, no usan jamás tretas ilegales, etc., etc. Pero su fuerza se basa en que constituyen un grupo homogéneo: todos en la empresa están de acuerdo con lo que dice el jefe y asienten a cada comentario propuesto.
No estoy diciendo que en este tipo de empresas solo haya pelotas o personal mediocre; al contrario, seguro que les va bien y obtienen importantes beneficios.
Pero me pregunto si la uniformidad y la homogeneidad, llevadas a este nivel en este tipo de cultura de empresa, son realmente productivas e innovadoras a largo plazo. Si todos piensan igual y están encantados con su líder,
¿Será perdurable en el tiempo?, ¿tendrá un verdadero impacto económico y social?, ¿aportará algo? ¿O será otra secta más que morirá en cuanto surjan nuevos vientos de cambio?







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