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Hoy es mi cumpleaños

Foto del escritor: Pilar Paredes
Pilar Paredes
hace 13 horas
6 min de lectura
Pilar Paredes celebra su cumpleaños junto a su perro y un robot humanoide, en una imagen que simboliza el valor de la experiencia, los afectos y la convivencia entre personas e inteligencia artificial
Porque, en medio de tanta tecnología y tanto cambio, lo más importante sigue siendo aquello que ninguna máquina puede vivir por nosotros: nuestra propia vida

Hoy es mi cumpleaños. Es la primera vez que casi se me olvida. No sé por qué. Quizás porque, a partir de cierta edad, una ya no quiere reconocer los años que cumple.


Yo tengo una excusa. Mi madre siempre me recuerda algo que le decía su marido, es decir, mi padre: «Una mujer no tiene edad, así que, si te preguntan, eso es lo que debes responder».


Hoy es mi cumpleaños y el primero en felicitarme ha sido mi perro, aunque él no lo sabe. Simplemente me ha traído la pelota y ha iniciado sus juegos, como todas las mañanas.


Después he visto muchas notificaciones de LinkedIn felicitándome. Son personas, muchas de ellas a las que ni siquiera conozco, que se toman la molestia de atender esa notificación y dedicarme unas palabras. Y yo lo agradezco. Siempre trato de contestar a todas porque me hace ilusión que, aunque a muchas no las conozca personalmente, se mantengan de alguna manera los lazos, aunque algunos sean apenas unos hilos.


He conocido a gente estupenda a través de LinkedIn y algunas de esas personas, con el tiempo, se han convertido en grandes amigos. Así que bienvenidas sean todas esas felicitaciones.

El primer regalo de cumpleaños, adelantado, llegó ayer mismo: un burofax en el que se me informa de que se cumplen cinco años de alquiler.


Supongo que a muchos de los que vivís en una situación parecida a la mía, solos, con un perro y emprendiendo, os puede llegar un regalo así.


He hecho muchas mudanzas en mi vida. Cuando llegué a las diez, dejé de contar. No es que no haya buscado un nido o cierta estabilidad. Es que, a veces, lo que uno busca no es lo que acaba encontrando.


Durante mucho tiempo pensé que la estabilidad era algo que llegaba con la edad, con el trabajo, con las decisiones acertadas. Que había una especie de recompensa por haber hecho las cosas bien. Pero la vida no funciona así. A veces, cuanto más crees haber aprendido, más consciente eres de lo poco que controlas. Y quizás lo verdaderamente difícil no sea empezar de nuevo, sino aceptar que, a determinadas edades, todavía tienes que seguir haciéndolo.


Cuando me pongo triste, empiezo a examinar todas las decisiones que he tomado en mi vida y, a veces, termino culpabilizándome por no haber escogido el camino correcto. Supongo que eso lo hacemos todos de vez en cuando.


Pero ¿cuál es el camino correcto? ¿Alguien lo sabe?


Desde que terminé la carrera de Filosofía y me fui a vivir a Estados Unidos, sentí que no encajaba en una trayectoria profesional clásica.


Mi formación era distinta. Mis raíces y la educación que había recibido de mis padres, gracias a Dios, eran excelentes. Durante mi época universitaria hice teatro, tuve un programa de radio en la universidad, estudié francés, inglés, pintura, costura, participé en voluntariados e hice deporte.


Cuando llegué a Estados Unidos era una chica joven, muy lista y con una gran educación. Eso es lo que me decían. Allí cuidé niños y trabajé de hostess en un restaurante.


Me hubiese quedado allí si la universidad no hubiera sido tan cara. Creo que es de las pocas cosas de las que me arrepiento en la vida.

Pero es curioso. Estaba en la veintena y ya me sentía demasiado mayor para vivir como «emigrante». Ahora lo veo como una tontería.


Cuando volví a España, todo fue difícil. Hace años también era complicado encontrar trabajo y sobrevivir por cuenta propia. No nos llegaba para pagar un piso, así que compartíamos vivienda con otras jóvenes en nuestra misma situación, buscándonos la vida.


La mayoría de mis amigos se hicieron funcionarios. Pero yo, que bien podría haberlo hecho, decidí apostar por la empresa privada.


Me cambié de ciudad, me establecí durante unos años y, cuando ya había acumulado una buena trayectoria profesional, me convertí en senior.

Sí, tiene gracia. Pero para el sistema soy senior.


El mercado decide que estoy demasiado preparada para determinados puestos y que, para los que corresponden a mi experiencia, la competencia es enorme.


¿En qué momento la experiencia dejó de ser una ventaja para convertirse en un inconveniente?


Hay algo profundamente contradictorio en nuestra sociedad. Nos pasamos la vida aprendiendo, trabajando, equivocándonos, acumulando conocimientos y experiencia. Nos dicen que debemos formarnos continuamente, adaptarnos, reinventarnos. Y cuando lo hemos hecho, descubrimos que, para determinadas oportunidades, todo ese recorrido puede convertirse en un obstáculo.


No creo que la edad nos haga necesariamente más sabios, pero sí creo que hay un conocimiento que no se adquiere en las aulas ni se mide con certificados. Es el que te da haber tomado decisiones, haberte equivocado, haber dirigido personas, haber perdido oportunidades y haber aprendido a empezar otra vez.


No quiero reducir mis dificultades profesionales a una cuestión de género, pero tampoco puedo ignorar que todavía hoy ser mujer, inteligente y estar bien preparada puede representar una amenaza silenciosa en determinados entornos laborales.


Así que decidí seguir adelante, como siempre he hecho.

Ninguna excusa ni justificación del mercado va a impedir que siga mi camino, aunque no sea el reconocido o el tradicional.


Ahora me dedico a disfrutar de lo que realmente me gusta y de aquello en lo que soy buena: comunicar, formar, enseñar, ayudar y contribuir a que España tenga mejores empresarios, capaces de dirigir y construir mejores empresas. Enseñando estrategia y ayudando a crear y hacer crecer negocios estables y sólidos.


Y, sin embargo, cuando miro hacia atrás, también pienso en todo lo que me habría perdido si hubiera escogido otro camino. Las personas que he conocido, los lugares en los que he vivido, las cosas que he aprendido y las oportunidades que nunca habría imaginado.


No sé si tomé siempre las mejores decisiones, pero sé que todas ellas me han traído hasta aquí. Y, a pesar de todo, sigo pensando que la vida merece la pena.

Todo lo que la vida me ha enseñado hasta ahora, y todo lo que he aprendido por el camino, forma parte de lo que soy hoy, como persona y como mujer profesional.

Nunca he abandonado mis sueños ni he tirado la toalla frente a las dificultades. Aunque reconozco que algunas veces he tenido ganas de hacerlo.


¿Qué sentido tienen nuestras experiencias, nuestras equivocaciones y nuestros aprendizajes en un mundo que empieza a delegar cada vez más decisiones en las máquinas?


Quizás por mi formación filosófica, no puedo evitar preguntarme qué significa todo esto en el momento histórico que nos ha tocado vivir.


Estamos construyendo máquinas capaces de responder a preguntas que antes requerían años de estudio. Sistemas que analizan información, proponen decisiones e incluso nos aconsejan sobre cómo vivir.


Pero ninguna inteligencia artificial ha vivido nuestra vida. No ha sentido el miedo de empezar de cero en otro país, la incertidumbre de perder un trabajo, la alegría de una amistad inesperada o la tristeza de descubrir que las cosas no han salido como esperábamos.

Y quizás por eso, en un mundo que empieza a valorar tanto la eficiencia, deberíamos preguntarnos si no estamos olvidando el valor de la experiencia humana.


Hoy, que es mi cumpleaños, quiero celebrarlo de la mejor manera que se me ocurre: en paz, tranquila, afrontando cada problema y cada reto que se presente con valor, intentando acallar el miedo y la desesperación cuando aparecen. Porque sigo creyendo que tengo algo que aportar y que mi propósito va más allá de mí misma.


No sé qué nos traerán los próximos años. Ni siquiera sé dónde estaré yo dentro de cinco. Pero sé que quiero seguir aprendiendo, compartiendo lo que sé y participando en esta transformación que estamos viviendo.


Nos enfrentamos, como humanidad, a un cambio de paradigma que nos obligará a cuestionar muchas de nuestras certezas. La inteligencia artificial podrá ayudarnos a encontrar respuestas, pero difícilmente podrá resolver nuestras inquietudes más humanas: quiénes somos, qué queremos hacer con nuestra vida o qué significa haber vivido una buena vida.


Quizás esas preguntas, que llevan acompañándonos desde hace miles de años, sean ahora más importantes que nunca.


Así que, en este día de mi cumpleaños, solo quiero dar las gracias por haber llegado hasta aquí. Por todo lo vivido, incluso por aquello que habría preferido no vivir. Por las personas que se han cruzado en mi camino, por las que se han quedado y por las que se han ido.

Y también por tener la oportunidad de ser testigo de este momento de la historia. Una época que, quizás, dentro de muchos años apenas importe a nadie, pero que quienes estamos aquí deberíamos recordar como un momento de enorme responsabilidad humana.


Porque, en medio de tanta tecnología, tanta incertidumbre y tanto cambio, quizás lo más importante siga siendo aquello que ninguna máquina puede vivir por nosotros: nuestra propia vida.


Y yo, después de todo lo vivido, todavía tengo muchas ganas de seguir viviendo la mía.

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hace 10 horas
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Feliz cumpleaños Pilar

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