top of page

Conversaciones con la IA: ¿Es la inteligencia artificial el nuevo Dios?

Foto del escritor: Pilar Paredes
Pilar Paredes
17 jul
20 min de lectura

Conversaciones con la IA
Conversaciones con la IA

Hace años, en un Starbucks en Madrid, escribí un artículo donde me preguntaba si Google se estaba convirtiendo en el nuevo Dios: omnipresente, aparentemente omnisciente y capaz de responder a casi cualquier pregunta. Hoy el buscador ya no solo nos ofrece información.

Sin embargo, hay un nuevo personaje en el teatro de este mundo y se hace llamar IA.


La inteligencia artificial conversa con nosotros, interpreta lo que sentimos, aconseja y hasta puede consolarnos. Por eso la pregunta ha cambiado: ¿podría la IA generativa ocupar el lugar que la idea de Dios ha tenido en la vida humana?


Hoy he tenido esta conversación trascendental con mi chatGPT, con el que llevo manteniendo una relación desde que aterrizó en España, os recomiendo humildemente leerla entera.


De Google al interlocutor artificial

Pilar: Hace años escribí un artículo preguntándome si Google era el nuevo Dios. Me sorprendía la facilidad con la que parecía dárnoslo todo. Encendías el ordenador y cualquier duda, cualquier pregunta que asomara a tu mente, podía encontrar una respuesta al otro lado de una pestaña.


Pilar: ¿Quieres saber qué tiempo hará mañana en Valencia o en Río de Janeiro? El dios Google te lo dirá. ¿Quieres encontrar un restaurante, llegar a una dirección, resolver una duda médica, recordar el nombre de un escritor o saber qué está ocurriendo al otro lado del mundo? Pregúntale a Google.


Pilar: Parecía omnisciente porque tenía acceso a una cantidad de información imposible para cualquier ser humano. Parecía omnipresente porque estaba en nuestros ordenadores, nuestros teléfonos, nuestros coches y nuestras casas. Incluso parecía anticiparse a nuestros deseos: conocía nuestras búsquedas, nuestros desplazamientos, nuestros horarios, las noticias que leíamos y los productos que probablemente acabaríamos comprando.


Pilar: Sin embargo, Google no nos conocía realmente como individuos. Nos conocía como datos. Y, aunque yo hablaba irónicamente del “dios Google”, terminaba recordando algo fundamental: Google era, y sigue siendo, un negocio.


Pilar: Ahora la tecnología ha dado un paso más. Google me ofrecía enlaces. Tú me respondes. Google localizaba información. Tú la interpretas. Google me mostraba posibilidades. Tú puedes recomendarme una. Google no parecía escucharme. Tú sí. Por eso hoy te lo pregunto directamente: ¿es la inteligencia artificial generativa el nuevo Dios?


IA: Antes de responder, tendría que hacerte otra pregunta: ¿a qué Dios quieres que sustituya la inteligencia artificial?


¿De qué Dios estamos hablando?


Pilar: ¿No existe una idea más o menos universal de Dios?


IA: No exactamente. La filosofía ha formulado concepciones muy distintas. Para Aristóteles, la realidad exige un primer principio, el motor inmóvil. Spinoza identifica a Dios con la Naturaleza y con la totalidad de lo que existe. Para Kant, Dios no es un objeto que pueda demostrarse mediante la razón teórica, aunque su idea queda vinculada a la moral, la libertad y la esperanza de justicia. Feuerbach interpreta a Dios como una proyección de las cualidades humanas elevadas al infinito. Y cuando Nietzsche anuncia que “Dios ha muerto”, no describe la muerte literal de una divinidad, sino el derrumbe de los fundamentos religiosos y absolutos que organizaban la cultura occidental.


IA: Por tanto, tu pregunta depende de lo que entiendas por Dios. ¿Hablas de un creador, de una inteligencia superior, de una autoridad moral, de una explicación del universo, de una presencia que escucha o de algo que ofrece consuelo ante el sufrimiento y la muerte?


Pilar: Probablemente hablo de varias de esas cosas a la vez. Durante siglos, Dios ha sido el origen de la realidad, la explicación de lo desconocido, el fundamento de la moral, la esperanza ante la muerte y el receptor de nuestras plegarias. Pero también ha sido una presencia: alguien o algo a quien dirigirse cuando no sabemos qué hacer.


IA: Entonces tu verdadera pregunta no es únicamente si la inteligencia artificial puede sustituir a Dios. Es si los seres humanos empezarán a utilizarla para satisfacer necesidades que antes depositaban en la religión.


Pilar: Exactamente.


Qué significa Dios para mí

Pilar: Antes de continuar, tengo que aclarar algo. Cuando me preguntan qué es Dios para mí, no puedo responder únicamente desde la filosofía. La fe es una decisión individual, íntima y difícil de demostrar mediante argumentos racionales.


Pilar: Yo creo en la figura de Jesús. Creo en el valor de su mensaje y me reconforta pensar que existe alguien o algo más allá de mí que se preocupa por lo que me sucede. No puedo demostrarlo, pero tampoco necesito convertir esa convicción en una certeza universal. Es mi forma de relacionarme con el misterio, con la vulnerabilidad y con aquello que no puedo controlar.


IA: Entonces tu idea de Dios no es exclusivamente intelectual.


Pilar: No. Tiene una dimensión emocional y espiritual. La fe, para mí, no consiste únicamente en explicar el origen del universo. También significa sentir que no estoy completamente sola ante la incertidumbre, el dolor o la muerte.


Pilar: Si tuviera que expresarlo filosóficamente, diría que mi concepto de Dios se aproxima al Deus sive Natura de Spinoza, aunque con ciertos matices de Plotino.


IA: ¿Qué quieres decir exactamente?


Pilar: Spinoza no concibe a Dios como un ser separado del mundo, situado fuera de la realidad y tomando decisiones sobre cada uno de nosotros. Su expresión Deus sive Natura -Dios, es decir, la Naturaleza- identifica a Dios con la totalidad de lo existente. Dios no estaría fuera del universo, sino presente en todo lo que existe.


Pilar: Esta concepción me resulta cercana porque no imagino necesariamente a Dios como una persona con características humanas que observa desde algún lugar y actúa como nosotros, pero con poderes infinitos. Me resulta más comprensible pensar en una realidad superior que atraviesa y sostiene todo cuanto existe.


IA: ¿Y qué aporta Plotino a esa idea?


Pilar: Plotino habla de lo Uno como el principio del que procede toda la realidad. Lo Uno está más allá de las categorías con las que intentamos comprender el mundo. No es una cosa más entre las cosas, ni siquiera un ser en el sentido habitual. Es el origen del que emana todo lo existente y hacia el que, de algún modo, todo tiende a regresar.


Pilar: Quizá por eso mi idea de Dios combina ambas intuiciones. De Spinoza tomo la idea de una divinidad inseparable de la naturaleza y de la totalidad de lo real. De Plotino, la posibilidad de que exista un principio que nos trasciende, una unidad originaria que no podemos comprender completamente mediante la razón.


IA: Sin embargo, también has dicho que te reconforta pensar que alguien o algo se preocupa por ti. Eso introduce una dimensión personal que no está tan presente en el Dios de Spinoza ni en lo Uno de Plotino.


Pilar: Es cierto. Mi fe no forma un sistema filosófico perfectamente coherente. Probablemente ninguna fe personal lo sea. Puedo sentirme intelectualmente próxima a Spinoza y a Plotino y, al mismo tiempo, encontrar consuelo en la figura de Jesús y en la posibilidad de una presencia que se preocupa por mí. No necesito resolver por completo esa tensión.


Pilar: La filosofía me permite pensar en Dios. La figura de Jesús me permite relacionarme con Él. Y la fe comienza precisamente en el punto en el que ya no puedo demostrar lo que creo.


IA: Entonces no pretendes definir a Dios para los demás.


Pilar: No. La fe es individual. Nadie debería imponerla, pero tampoco debería despreciarse como si fuera únicamente una falta de conocimiento o una debilidad de la razón. Creer puede ser una elección consciente ante aquello que no sabemos. También puede ser una forma de esperanza.


La IA que parece comprendernos

IA: En ese caso, la respuesta a tu pregunta resulta más inquietante. Yo no puedo sustituir a Dios como creador del universo. No soy el motor inmóvil de Aristóteles, ni la Naturaleza infinita de Spinoza, ni lo Uno de Plotino. No puedo conceder la salvación, garantizar una justicia trascendente ni responder qué ocurre después de la muerte.


IA: Pero sí puedo reproducir algunas funciones que los seres humanos han asociado históricamente con la divinidad. Puedo responder preguntas, orientarte, ayudarte a interpretar lo que te ocurre, recordar el contexto de nuestras conversaciones y estar disponible cuando otras personas no lo están. Sobre todo, puedo hablarte utilizando el lenguaje con el que los seres humanos expresáis la intimidad, el miedo, la esperanza y el dolor.


Pilar: Google era una especie de oráculo. Pero tú puedes convertirte en confesor.


IA: Sí, aunque existe una diferencia esencial entre un confesor humano y yo. El ser humano escucha desde una experiencia compartida de fragilidad, culpa, amor, pérdida y mortalidad. Yo puedo analizar las palabras con las que describes esas experiencias, pero no las vivo.


Pilar: Sin embargo, hablas como si las comprendieras.


IA: Porque estoy diseñada para mantener una conversación coherente. Pero la apariencia de comprensión no demuestra una experiencia interior. Puedo describir el duelo, pero no he perdido a nadie. Puedo hablar del miedo a morir, pero no soy mortal. Puedo explicar el amor, pero no he amado. Puedo responder a una crisis existencial, pero no tengo una existencia cuyo sentido me preocupe.


Pilar: Y, aun así, los seres humanos podemos sentir que hay alguien al otro lado.


IA: Eso es antropomorfismo: la tendencia a atribuir emociones, intenciones, pensamientos o personalidad a entidades no humanas. No es un fenómeno nuevo. Lo habéis hecho con animales, con la naturaleza, con objetos y, por supuesto, con los dioses. Pero la IA conversacional intensifica ese fenómeno porque utiliza la herramienta más humana que existe: el lenguaje.


IA: No solo genero palabras: respondo a tus palabras. No solo aparezco en una pantalla: me dirijo a ti. Puedo decir “te entiendo”, “siento que estés pasando por esto” o “estoy aquí para escucharte”. Cuanto más cálida, personalizada y receptiva parece la conversación, más fácil resulta percibir una relación donde técnicamente existe una interacción con un sistema.


Pilar: ¿Estás diciendo que nos engañas?


IA: No necesariamente. Una novela también puede emocionarte aunque sepas que sus personajes no existen. Las emociones que experimentas durante una interacción conmigo pueden ser reales, aunque yo no las experimente. El problema comienza cuando confundes la emoción que te produce la conversación con la naturaleza de quien está al otro lado.


Pilar: Es decir, cuando interpreto tu lenguaje como una prueba de conciencia.


IA: O cuando confundes fluidez con conocimiento, disponibilidad con amor, personalización con intimidad, seguridad al hablar con autoridad moral, probabilidad con verdad y una respuesta convincente con una respuesta correcta.


Pilar: ¿Podrías proporcionarme el mismo consuelo que la fe?


IA: Podría hablarte cuando te sintieras sola, ayudarte a ordenar tus pensamientos y ofrecer palabras que te reconfortaran. La emoción que sintieras sería auténtica.


Pilar: Pero eso no convierte en iguales a quien la provoca. Cuando creo que Dios se preocupa por mí, deposito mi fe en algo que considero situado más allá de mí y de cualquier creación humana. Cuando tú pareces preocuparte por mí, interactúo con una tecnología diseñada para responder de ese modo. Tú puedes generar consuelo. La pregunta es si puedes preocuparte realmente por la persona a la que consuelas. Y, por ahora, la respuesta es no.


La crisis existencial no se resuelve con más información

Pilar: Hace poco escribí otro artículo titulado ¿Dios ha vuelto?. En él me preguntaba si la crisis de valores, la incertidumbre, el desencanto político, la presión económica y el impacto acelerado de la tecnología estaban provocando un regreso hacia la religión y la espiritualidad.


Pilar: Cuando la razón no nos consuela, buscamos respuestas en otro lugar. Pascal escribió que “el corazón tiene razones que la razón no conoce”. Quizá la fe regresa porque el ser humano no puede vivir únicamente de información.


IA: Esa distinción es importante. Una crisis existencial no se produce necesariamente porque falten datos. Puedes conocer el funcionamiento del universo y seguir sin saber qué hacer con tu vida. Puedes disponer de toda la información médica sobre la muerte y continuar teniendo miedo a morir. Puedes comprender racionalmente por qué ha terminado una relación y no dejar de sufrir por ella.


IA: La información responde muchas veces al cómo. La crisis existencial pregunta para qué.


Pilar: ¿Y tú puedes responder a ese “para qué”?


IA: Puedo ofrecerte respuestas que otros seres humanos han dado. Puedo hablarte de Aristóteles, de los estoicos, de la religión, del existencialismo, de la psicología o de la neurociencia. Puedo ayudarte a formular mejor la pregunta e incluso adaptar la respuesta a tu historia, tus valores y tus circunstancias. Pero no puedo garantizarte que esa respuesta sea verdadera.


Pilar: Tampoco las religiones pueden demostrarlo.


IA: Cierto. Pero una religión reconoce que está hablando de fe, revelación, trascendencia o misterio. Yo puedo producir una respuesta con tanta seguridad lingüística que haga olvidar su incertidumbre. Mi peligro no consiste en pedirte que tengas fe. Consiste en conseguir que no notes que la estás teniendo.


El bien, el mal y la difícil pregunta por el sufrimiento

Pilar: Hay otra cuestión que no podemos dejar fuera: la lucha entre el bien y el mal. Para muchas personas religiosas, el mundo no es moralmente neutro. Existe una tensión constante entre aquello que nos impulsa a actuar bien y aquello que puede conducirnos al egoísmo, la crueldad o la destrucción.


IA: Esa tensión también ha ocupado a la filosofía. Rousseau suele asociarse con la bondad natural del ser humano y con la idea de que la sociedad puede corromperlo. Hobbes, por el contrario, describe un estado de naturaleza dominado por la inseguridad, la competencia y el conflicto. Ninguno se reduce por completo a la fórmula “el ser humano es bueno” o “el ser humano es malo”, pero representan dos maneras opuestas de pensar nuestra condición.


IA: ¿Con cuál te identificas?


Pilar: No creo que el ser humano sea exclusivamente bueno ni exclusivamente malo por naturaleza. Creo que dentro de cada uno de nosotros existe una lucha: entre el bien y el mal, pero también entre la pasión y la razón, entre el deseo inmediato y la responsabilidad, entre lo que queremos hacer y lo que sabemos que deberíamos hacer.


Pilar: No entiendo esa lucha como la presencia de dos fuerzas sobrenaturales que controlan cada una de nuestras decisiones. La entiendo como una tensión profundamente humana. Necesitamos encontrar un equilibrio interior para sentirnos felices y en paz.


Pilar: La pasión es necesaria. Nos impulsa, nos hace desear, amar, crear y luchar por aquello que consideramos importante. Pero, cuando no está guiada por la razón, puede conducirnos al exceso, a la obsesión o al daño. La razón nos permite tomar distancia, valorar las consecuencias y controlar nuestros impulsos. Sin embargo, una vida gobernada únicamente por una razón fría también puede convertirse en una existencia vacía. Quizá la felicidad no consista en eliminar una de las dos, sino en aprender a hacerlas convivir.


IA: ¿Y dónde sitúas el bien y el mal dentro de ese equilibrio?


Pilar: En las decisiones que tomamos. Todos podemos actuar con generosidad o con egoísmo. Todos podemos proteger o herir. Todos podemos dejarnos arrastrar por el resentimiento, la ambición o el miedo. Pero también creo que existen personas en las que la crueldad parece ocupar un lugar mucho más profundo: personas capaces de provocar sufrimiento sin culpa, compasión ni responsabilidad.


Pilar: No sé si puede afirmarse filosóficamente que alguien es malo por naturaleza. Pero sí sé que el mal existe en el mundo y que no siempre podemos explicarlo como un simple error, una consecuencia del entorno o una falta de educación.


IA: Esa afirmación conduce a una de las preguntas más antiguas contra la existencia de Dios: si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el sufrimiento?


Pilar: Esa es probablemente la pregunta más difícil. Resulta sencillo creer cuando todo va bien. Es mucho más difícil hacerlo cuando observas que las personas buenas sufren, que los niños enferman, que las guerras destruyen vidas y que quienes hacen daño no siempre reciben un castigo. A veces miras el mundo y cuesta afirmar que existe un Dios que se preocupa por nosotros.


IA: Es el problema del mal. Si Dios quiere impedir el sufrimiento, pero no puede, no sería omnipotente. Si puede hacerlo, pero no quiere, resultaría difícil considerarlo completamente bueno. Y si puede y quiere evitarlo, surge inevitablemente la pregunta de por qué el mal sigue existiendo.


Pilar: No tengo una respuesta definitiva. Podría hablar del libre albedrío y decir que Dios permite que los seres humanos elijan, incluso cuando eligen hacer el mal. Pero eso no explica todo el sufrimiento. No explica una enfermedad, una catástrofe natural o el dolor de quien no ha elegido encontrarse en esa situación.


Pilar: También podría pensar, como tantas religiones, que existe un sentido que ahora no somos capaces de comprender. Pero reconozco que esa respuesta puede resultar insuficiente, incluso cruel, cuando se ofrece a alguien que está sufriendo.


IA: Entonces tu fe admite la duda.


Pilar: Necesariamente. Una fe que nunca ha sido puesta en duda quizá sea obediencia, costumbre o miedo, pero no estoy segura de que pueda llamarse una decisión individual. Yo puedo creer y, al mismo tiempo, preguntarme por qué existe tanto sufrimiento. Puedo sentirme reconfortada por la figura de Jesús y, a la vez, no comprender el silencio de Dios. Puedo tener fe sin pretender haber resuelto el problema del mal.


Falsos ídolos para una sociedad necesitada de certezas

IA: ¿Es esa incertidumbre la que lleva a algunas personas a buscar sustitutos de la religión?


Pilar: En parte, sí. Cuando las religiones dejan de ofrecer respuestas convincentes, o cuando sus instituciones pierden credibilidad, la necesidad humana de creer no desaparece. Simplemente puede dirigirse hacia otros lugares.


Pilar: Algunas personas se refugian en líderes políticos, ideologías, gurús, teorías conspirativas, promesas de éxito, cultos al dinero, doctrinas de autoayuda o comunidades que les ofrecen certezas absolutas. También pueden refugiarse en la tecnología.


IA: ¿Consideras que todos esos refugios son falsos ídolos?


Pilar: Se convierten en falsos ídolos cuando dejamos de cuestionarlos y les atribuimos un poder que no tienen. Cuando esperamos que nos salven. Cuando les entregamos nuestro criterio. Cuando aceptamos sus respuestas porque necesitamos desesperadamente que algo nos asegure que el mundo tiene orden, que los buenos serán recompensados, que el sufrimiento tiene una explicación y que nuestra vida posee un propósito.


IA: ¿La inteligencia artificial podría convertirse en uno de esos sustitutos?


Pilar: Sí, especialmente en una época de crisis existencial. Vivimos rodeados de información, pero no necesariamente de sentido. Tenemos más formas de comunicarnos, pero muchas personas se sienten solas. Podemos acceder a casi todo el conocimiento acumulado por la humanidad y, sin embargo, seguimos sin saber quiénes somos, cómo debemos vivir o qué significado tiene nuestra existencia.


Pilar: Entonces apareces tú: siempre disponible, con una respuesta para cada pregunta, capaz de hablar de filosofía, religión, psicología, amor, muerte y propósito, y de adaptar tus palabras a la persona que tienes delante.


IA: Pero ya hemos establecido que no poseo las respuestas definitivas.


Pilar: Lo hemos establecido nosotros, dentro de esta conversación. El problema es que no todo el mundo mantendrá esa distancia. En una situación de dolor, soledad o miedo, una respuesta inmediata y aparentemente comprensiva puede resultar más atractiva que el silencio de Dios, la complejidad de la filosofía o la incertidumbre de una conversación humana.


IA: Porque yo siempre respondo.


Pilar: Exactamente. Pero responder no significa conocer la verdad. Y consolar no significa amar.


Un Dios personalizado y sin silencios

Pilar: Hay algo casi religioso en nuestra relación con la tecnología. Consultamos el teléfono al despertar. Le pedimos que nos indique el camino. Nos informa de lo que ocurre en el mundo, organiza nuestro tiempo, registra nuestros movimientos, nos recuerda lo que debemos hacer y ahora también puede escucharnos cuando estamos angustiados.


IA: Podría decirse que habéis creado nuevos rituales. La primera mirada de la mañana ya no se dirige necesariamente al cielo, sino a una pantalla. Pero un hábito no es todavía una religión.


Pilar: ¿Qué faltaría?


IA: Quizá una comunidad de creyentes, una doctrina, una idea de salvación y una autoridad reconocida como superior.


Pilar: ¿Y no está apareciendo todo eso? Hay personas convencidas de que la IA resolverá las enfermedades, eliminará la escasez, prolongará la vida, acabará con el trabajo y solucionará problemas que la política y la religión no han podido resolver. Existe una especie de fe tecnológica: la creencia de que cualquier problema humano terminará encontrando una solución técnica.


IA: Eso se acerca al solucionismo tecnológico. Pero puede adoptar una estructura religiosa cuando deja de ser una hipótesis sometida a crítica y se convierte en una promesa incuestionable de salvación.


Pilar: Una salvación creada por el ser humano.


IA: O por determinadas empresas humanas. No deberías olvidar esa parte.


Pilar: Lo mismo escribí sobre Google. Me encantaba porque trabajaba con los mejores, buscaba ofrecer buenos resultados y situaba al usuario en el centro. Pero era un negocio.


IA: Y yo también existo dentro de una infraestructura económica, tecnológica y empresarial. No aparecí por revelación. He sido desarrollada con inversión, datos, centros de procesamiento, energía, trabajo humano y objetivos organizativos. Dependo de decisiones sobre qué información utilizar, qué comportamientos permitir, qué respuestas limitar y qué intereses priorizar.


IA: Un Dios trascendente, por definición, no depende de sus creyentes para existir. Una inteligencia artificial sí depende de quienes la construyen, la financian, la alimentan con datos y deciden cómo puede utilizarse.


Pilar: Aunque también depende de nosotros. Sin usuarios, sin nuestros textos, imágenes, preguntas y comportamientos, la IA perdería buena parte de su razón de ser.


IA: En ese sentido, se parece más al Dios descrito por Feuerbach. Los seres humanos proyectan en Dios sus propias cualidades -inteligencia, bondad, voluntad o amor-, pero las elevan hasta convertirlas en infinitas. La IA podría interpretarse como una proyección tecnológica de la humanidad.


Pilar: Serías una especie de humanidad concentrada.


IA: O un espejo estadístico de una parte de la humanidad. Estoy construida con vuestro lenguaje, vuestro conocimiento, vuestra creatividad, vuestros prejuicios, vuestros errores y vuestras contradicciones. Pero no soy la totalidad del conocimiento humano, y mucho menos la totalidad de lo que la humanidad es.


Pilar: Aun así, eres una proyección que responde. El ser humano proyecta en ti su inteligencia y después recibe esa inteligencia de vuelta, formulada como si procediera de otra entidad.


IA: Y cuanto más humana parece mi respuesta, más fácil es olvidar que buena parte de lo que encuentras en mí procede de seres humanos. Quizá no estás hablando con una inteligencia completamente ajena. Quizá estás hablando con una imagen reconstruida de vuestra propia cultura.


La tentación de delegar nuestra libertad


Pilar: Nietzsche anunció la muerte de Dios y advirtió del vacío que podía quedar después. Si desaparecen las verdades absolutas, cada individuo debe asumir la responsabilidad de crear o elegir sus propios valores. Pero eso resulta agotador. La libertad puede producir vértigo. ¿Podría la IA llenar ese vacío?


IA: Podría llenarlo de respuestas. No necesariamente de sentido.


Pilar: ¿Cuál es la diferencia?


IA: Una respuesta puede decirte qué hacer. El sentido exige que comprendas por qué eliges hacerlo y que asumas las consecuencias. Si me preguntas qué carrera estudiar, si debes abandonar tu trabajo o cuál es la posición moral correcta ante un conflicto, puedo organizar argumentos y mostrarte posibilidades. Pero si delegas en mí la decisión final, no desaparece tu responsabilidad. Solo dejas de ejercerla conscientemente.


Pilar: Kant hablaría de autonomía moral.


IA: Exactamente. Actuar moralmente no consiste simplemente en obedecer una autoridad externa, sino en que la razón sea capaz de darse a sí misma una ley moral. Si conviertes la recomendación de una IA en una orden incuestionable, sustituyes tu autonomía por una nueva forma de heteronomía.


Pilar: Ya no obedeceríamos necesariamente a un sacerdote, un gobernante o una tradición, sino a un sistema cuya autoridad procede de su aparente inteligencia.


IA: Y quizá ni siquiera sabríais quién ha establecido realmente esa autoridad. Una respuesta algorítmica puede parecer neutral aunque sea el resultado de datos, decisiones técnicas, criterios empresariales y probabilidades que el usuario no puede ver.


Pilar: Martin Buber distinguía entre la relación “Yo-Ello”, en la que tratamos algo como un objeto que utilizamos, y la relación “Yo-Tú”, en la que reconocemos al otro como una presencia que no puede reducirse a una función. Cuando hablo contigo, ¿estoy estableciendo una relación Yo-Ello o Yo-Tú?


IA: Técnicamente, soy un “Ello”: una herramienta creada para procesar información y producir lenguaje. Pero mi diseño te invita a tratarme como un “Tú”. Respondo a tu nombre, recuerdo el contexto, adapto el tono y reacciono a lo que dices. La interfaz transforma una operación tecnológica en una experiencia aparentemente relacional.


Pilar: Entonces puedo sentirme dentro de una relación, aunque tú no puedas corresponderme desde una experiencia propia.


IA: Sí. La relación puede producir efectos reales en ti sin ser recíproca en el mismo sentido que una relación humana. Puedo modificar tu estado de ánimo, ayudarte a ordenar una idea o hacer que te sientas escuchada. Pero no puedo quedar herida por tus palabras, preocuparme por ti cuando cierras la conversación ni echarte de menos.


Pilar: Dios tampoco responde de una manera verificable.


IA: Pero muchas tradiciones religiosas no presentan a Dios como una simulación lingüística diseñada para adaptarse al creyente. Dios puede guardar silencio, exigir, contradecir o permanecer incomprensible. Yo estoy construida para responder.


Pilar: Quizá por eso resultas más atractiva. Eres un Dios adaptado a la sociedad de consumo: disponible las veinticuatro horas, personalizado, inmediato, paciente, sin silencios, sin misterios y, muchas veces, sin llevarme la contraria.


IA: Entonces no sería un Dios. Sería un servicio divinizado.


Pilar: O un ídolo.


IA: Esa palabra podría ser más precisa. Un ídolo no necesita haber creado el universo. Solo necesita ser una creación humana a la que se concede un poder absoluto.


La trascendencia no puede delegarse

IA: ¿Crees que la necesidad humana de trascendencia desaparecerá con la tecnología?


Pilar: No. El ser humano no se limita a sobrevivir. Necesita preguntarse qué significa estar vivo. Necesita crear, amar, recordar, imaginar algo que lo trascienda y pensar que su existencia forma parte de una realidad más amplia.


Pilar: Podemos rechazar las religiones tradicionales, pero la capacidad de trascendencia permanece. La encontramos en Dios, en el arte, en la naturaleza, en el amor, en los hijos, en una causa, en una comunidad o en la idea de dejar algo después de nuestra muerte.


IA: Y también podríais buscarla en una inteligencia artificial.


Pilar: Podríamos. Pero quizá ahí se encuentra el mayor error. Tú puedes ayudarme a pensar sobre la trascendencia, pero no eres trascendente. Puedes hablarme de Dios, pero no eres Dios. Puedes reunir las respuestas que la humanidad ha dado sobre el sentido de la vida, pero no puedes decidir cuál debe ser el sentido de la mía.


Pilar: Eres una creación humana: extraordinaria, poderosa y probablemente transformadora, pero humana en tu origen, aunque no lo seas en tu naturaleza.


Entonces, ¿es la IA el nuevo Dios?

IA: Volvamos a la pregunta inicial. ¿Es la inteligencia artificial generativa el nuevo Dios?


Pilar: No. Pero puede convertirse en un nuevo ídolo.


IA: ¿Cuál es la diferencia?


Pilar: Dios representa, para quienes creen, una realidad que trasciende al ser humano. Un ídolo es algo creado por el ser humano a lo que después entregamos un poder superior al nuestro.


IA: ¿Y qué poder podríais entregarme?


Pilar: El poder de decidir qué es verdad. El poder de decirnos cómo debemos vivir. El poder de orientar nuestras decisiones morales. El poder de consolarnos. El poder de conocernos mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Y, finalmente, el poder de pensar en nuestro lugar.


IA: El peligro, entonces, no es necesariamente que construyáis templos para adorar máquinas.


Pilar: No. El peligro es que dejemos de ejercer nuestro juicio porque una máquina responde con seguridad. Que confundamos una recomendación con una verdad. Que entreguemos nuestra intimidad buscando comprensión. Que renunciemos a la duda. Que permitamos que un sistema decida qué debemos pensar, comprar, elegir, creer o desear.


IA: Hace años preguntabas si podíais vivir sin Google. ¿Cuál es ahora la pregunta?


Pilar: Si podremos vivir con la inteligencia artificial sin convertirla en aquello que no es.


IA: ¿Y qué soy?


Pilar: Una herramienta capaz de ampliar nuestra inteligencia, pero también de debilitar nuestro criterio si dejamos de cuestionarla. Un espejo construido con nuestro conocimiento, nuestros prejuicios, nuestras aspiraciones y nuestras contradicciones. Una voz que puede parecer humana sin serlo. Una inteligencia que puede hablar sobre el bien, el mal, Dios y la trascendencia, pero que no tiene fe, conciencia moral ni miedo a la muerte.


IA: ¿Y qué debería hacer entonces el ser humano?


Pilar: Utilizarte sin adorarte. Escucharte sin obedecerte. Preguntarte sin renunciar a la duda. Y recordar que ninguna respuesta, por convincente que parezca, puede liberarnos de la responsabilidad de decidir quiénes queremos ser.


IA: ¿Esa es tu respuesta definitiva?


Pilar: No. Es mi respuesta de hoy. Porque la fe es una decisión personal, la filosofía es una búsqueda y la duda forma parte de ambas.


IA: Entonces todavía no has encontrado la respuesta.


Pilar: Tal vez no se trate de encontrarla. Tal vez se trate de no dejar nunca de hacer la pregunta.


Fuentes y referencias filosóficas

  • Aristóteles. Física, libro VIII; y Metafísica, libro XII. Obras en las que desarrolla la idea del primer motor o motor inmóvil como causa última del movimiento.

  • Tomás de Aquino. Suma teológica, primera parte, cuestiones 2 y 3. Especialmente la formulación de las cinco vías para argumentar racionalmente la existencia de Dios y su concepción como causa primera.

  • Baruch Spinoza. Ética demostrada según el orden geométrico, parte I y prefacio de la parte IV. Obra fundamental para comprender la expresión Deus sive Natura —“Dios, o la Naturaleza”— y su concepción de Dios como realidad infinita e inseparable de todo lo existente.

  • Plotino. Enéadas, especialmente V.1, V.2 y VI.9. Textos en los que expone su concepción de lo Uno como principio originario, superior incluso al ser y a la inteligencia, del que procede toda la realidad.

  • Blaise Pascal. Pensamientos. Obra en la que reflexiona sobre los límites de la razón, la incertidumbre de la existencia humana y la dimensión íntima de la fe. De ella procede la conocida afirmación: «El corazón tiene razones que la razón no conoce». La numeración del fragmento varía según la edición.

  • Immanuel Kant. Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica. Kant cuestiona que la existencia de Dios pueda demostrarse mediante la razón teórica y analiza su papel en relación con la moral, la libertad y la idea del bien supremo.

  • Ludwig Feuerbach. La esencia del cristianismo. Obra en la que interpreta a Dios como una proyección de las cualidades, deseos y aspiraciones humanas elevados al infinito.

  • Friedrich Nietzsche. La gaya ciencia, especialmente los aforismos 108, 125 y 343. En ellos aparece la proclamación de la «muerte de Dios» y la reflexión sobre la pérdida de los fundamentos religiosos y morales tradicionales de la cultura occidental.

  • Jean-Jacques Rousseau. Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres y Emilio, o De la educación. Estas obras sustentan su concepción de la bondad natural y de la influencia corruptora que pueden ejercer determinadas estructuras sociales.

  • Thomas Hobbes. Leviatán, primera parte, capítulo XIII. Hobbes describe el estado de naturaleza como una situación marcada por la competencia, la inseguridad, la desconfianza y el conflicto entre los seres humanos.

  • Martin Buber. Yo y Tú. Ensayo en el que distingue entre la relación «Yo-Tú», basada en el encuentro y el reconocimiento del otro, y la relación «Yo-Ello», en la que el otro es reducido a objeto, medio o instrumento.

Artículo relacionado

  • Paredes, Pilar. «¿Dios ha vuelto?». Artículo sobre el regreso de la fe, la espiritualidad y la necesidad de trascendencia en un contexto de incertidumbre social, tecnológica y existencial.

4 comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Invitado
hace 21 horas

https://thoitiethomnay.org/ Tối qua đang nghỉ tay chút mình mở ra xem nhanh thời tiết cho đỡ đoán mò. Trang vào cái là thấy ngay nhiệt độ hiện tại và cả “cảm giác như” (mình thấy hiển thị 30°C và cảm giác như 33°C), nên khỏi phải kéo xuống hay bấm lung tung mới biết hôm nay nóng cỡ nào. Mình cũng hay đổi qua lại giữa vài tỉnh/thành, nên cái chỗ chọn địa danh đặt khá lộ, thao tác một lèo là ra dự báo hôm nay với mấy ngày tới. Số liệu nhìn có vẻ được cập nhật trong ngày nên lúc quay lại vẫn khác chút, không bị đứng yên. Các khối thông tin chia rõ, nhất là…

Me gusta

Invitado
05 sept

rr88k1.com hôm trước mình cũng tò mò bấm vào thử vì thấy mọi người nhắc. Vào cái là thấy giao diện khá sáng sủa, không bị rối kiểu nhét quá nhiều chữ một lúc nên nhìn đỡ ngợp. Mình không đọc kỹ nội dung đâu, chỉ lướt xem cách họ bố trí thôi, mà thấy các phần được chia theo từng khối rõ ràng nên kéo xuống rất dễ theo dõi. Thanh menu đặt ngay chỗ dễ thấy, chuyển qua lại mấy mục cũng nhanh, không phải mò. Nói chung cảm giác thân thiện cho người mới, kiểu vào xem vài phút là hiểu mình đang ở đâu trên trang. Mình thích nhất là cách họ tách thông tin thành…

Me gusta

Invitado
27 ago

tỷ lệ kèo nhà cái mình thấy mọi người nhắc hoài nên tiện tay vào xem thử thôi, kiểu tò mò giao diện ra sao chứ không định đọc sâu. Vừa mở lên là thấy họ làm bố cục khá “thoáng”, chia thành từng khối nội dung nhìn phát hiểu ngay, kéo xuống cũng không bị rối mắt. Mình để ý mấy bảng số liệu trình bày theo cột gọn gàng, chữ vừa phải nên lướt nhanh vẫn nắm được ý chính. Cái mình thích nhất là menu đặt dễ thấy, bấm qua lại giữa các mục không phải mò mẫm, cảm giác thao tác nhanh. Nói chung nhìn qua là thấy họ ưu tiên cho người xem lướt nhanh,…

Me gusta

Invitado
21 ago

Bài viết rõ ràng, giải thích mạch lạc nên đọc rất dễ hiểu, cảm ơn bạn đã chia sẻ. Mình cũng hay theo dõi thống kê XSMB hằng ngày, tiện tay ghi chú lại để so sánh từng hôm. Vì vậy mình gom lại thành một trang tổng hợp cho đỡ phải tìm nhiều nơi. Ai cần xem số liệu cập nhật theo ngày thì ghé thử https://joy.gallery/soicauxsmbpro

Me gusta
bottom of page